Han encontrado el tesoro de un galeón hundido en el Maresme…

Una de las definiciones que de manera frecuente se utiliza con los entrenadores, consiste en calificarlos como “entrenador de club”.
Suena a definición absurda, puesto que todos los entrenadores trabajamos para un club. Pero si es cierto, que intrínsecamente ese concepto engloba algunos matices específicos, ya que parece demostrado que el entrenador denominado “entrenador de club”, intenta realizar su trabajo atendiendo, asumiendo y comprometiéndose con las circunstancias, características, medios y recursos que el club que le contrata posee en aquellos momentos.
Por otro lado, los entrenadores que no son considerados con esta definición, suelen anteponer y exigir una serie de medios y recursos que ellos entienden como necesarios para desarrollar su trabajo con garantías de éxito.

De mi pasada temporada, recuerdo con cierta incomodidad las dificultades que sufrimos sobre todo a nivel de resultados. El grupo era muy bueno, y aunque las dinámicas positivas o negativas de resultados favorecen o dificultan el trabajo que se va desarrollando, estoy aceptablemente satisfecho con el resultado final que obtuvimos, visto los medios y recursos de que disponíamos.
Indudablemente que la crisis de nuestros queridísimos ladrillos y de los bancos americanos, parecía ir afectando también a muchos equipos habituados a estar en la parte alta de la clasificación. Por lo que, tú, como “entrenador de club” que te consideras, vas adaptando el trabajo a los recursos y las circunstancias del club.
Pero además, el club, como tal, siempre debe tener una identidad propia y definida, que no obedece a circunstancias temporales o puntuales como crisis o recursos, si no que se acerca al concepto de filosofía o estilo de cada club. Y en este caso también eso existía, ya que un club al que le soporta una amplia escuela de fútbol sala de niños, que ha hecho llegar primeros jugadores a nuestra liga nacional de fútbol sala, y que ha ido nutriendo, a su pesar, a otros equipos de Catalunya bastante más poderosos económicamente, nunca debe dejar de mirar ese enorme potencial de base.
Bien es cierto, que aunque los niños no entiendan de ladrillos ni de bancos americanos, a veces, con frecuencia, y hasta con varias temporadas de por medio, dejan de aparecer esos jugadores capaces de cubrir un buen puesto en el primer equipo. Y aunque tal vez eso pueda ser texto de otra entrada en este blog, las circunstancias eran las que eran.

De todas formas, aún recuerdo con simpatía como algún directivo, no hace muchos años, me orientaba ( y digo me orientaba aunque a veces sonara a “exigencia”) sobre la conveniencia de no fichar a más de 2 jugadores externos, y poder contar así, con los recursos que esa experimentada escuela de fútbol sala pudiese ir ofreciendo.
Y yo, como “entrenador de club” que me considero, lo aceptaba y lo aplicaba. He ido aplicándolo durante los últimos años de una manera totalmente consciente. Por un lado, porque compartía la filosofía de ese club, que además considero filosofía propia, de ir obteniendo primeros jugadores desde una estructura de fútbol sala base propia, y en segundo lugar porque desgraciadamente los ladrillos y los bancos americanos parecía que nos estaban machacando a todos.
De hecho, tanto me lo creí, que cuando allá por el mes de mayo, y ante mi primera intención de continuar un año más comencé a planificar la siguiente temporada, pensé que la plantilla necesitaba una importante renovación, pero que aun teniendo que ir a buscar en el exterior 4 ó 5 jugadores experimentados en la categoría, el resto deberían ser el producto más o menos competitivo de la cantera.
Lamentablemente el club parecía encontrarse en una situación tan crítica, que ni esos mínimos que yo pensaba se iban a poder cumplir. Por lo tanto me vería obligado a obtener todos los recursos de los equipos inferiores. De hecho, tuve que comenzar a trabajar con una lista de posibles jugadores para la siguiente temporada, en la que creo recordar que el 60% eran jugadores del segundo equipo (Preferente Catalana), y el resto juveniles que pasaban a sénior.
Y la verdad es que este hecho junto a algún otro tema interno, que tal vez os explique otro día, fueron parte importante para apagar la llama de una ilusión por continuar, que cada entrenador debemos tener intensamente iluminada.

Pero indudablemente a día de hoy algo ha cambiado en las costas del Maresme. Tal vez el tesoro de ese galeón hundido, que todavía no se sabe muy bien a quién pertenece, ya tenga dueño y administrador.
La filosofía de club parece haber pasado a mejor vida, los ladrillos y bancos americanos han dejado de hacer daño, y aquel directivo que orientaba la conveniencia de no fichar más de 2 jugadores externos para con ello poder potenciar los jugadores provenientes de la base, tal vez ya no le parezca tan mal la nueva filosofía.

Y es que pasar de una lista de posibles incorporaciones para la siguiente temporada, formada totalmente por jugadores del segundo equipo y del juvenil , que obedecía a las situaciones actuales, y que además representaba la filosofía de club, a la realidad actual de haber podido fichar “de momento” un total de 7, siete, seven, set, sept, sieben… jugadores, muchos de ellos con un altísimo nivel en nacional-A, sin ninguna duda debe obedecer a una razón tan sólida como que en las costas del Maresme, el ladrillo y los bancos americanos han sido sustituidos por el galeón hundido.